No, la singularidad humano-robot no está aquí, pero debemos actuar para gobernar la IA
En un reciente viaje a una zona tecnológica, se observó una gran cantidad de carteles que proclamaban que “la singularidad está aquí” y que “la humanidad tuvo un buen recorrido”. Estos anuncios, llenos de exageraciones y provocaciones, reflejan las afirmaciones de empresas tecnológicas sobre la inteligencia artificial (IA).
Anuncios engañosos y realidades
A pesar de las afirmaciones de figuras como el CEO de OpenAI, quien sugiere que se ha construido una inteligencia general artificial (AGI), la realidad es que la singularidad no ha llegado. La mayoría de investigadores coinciden en que la IA está limitada por factores tangibles como las matemáticas, el acceso a datos y los costos de negocio. Las afirmaciones sobre la llegada de la AGI o la singularidad carecen de fundamentos científicos.
El papel de la tecnología y la política
Las empresas tecnológicas han dejado de ser una fuerza contrapuesta al poder político. Las afirmaciones exageradas sobre la IA se han entrelazado con el nacionalismo del gobierno, mientras que se financia software de IA para la vigilancia gubernamental. Esta fusión de intereses plantea la necesidad de que la ciudadanía use su poder para decidir sobre el futuro de la IA.
Desafíos y oportunidades para la regulación
Aunque muchos creen que la regulación de la tecnología es imposible en el clima político actual, la reciente movilización social ha demostrado que la presión pública puede provocar cambios significativos en las políticas de las grandes empresas tecnológicas. La historia muestra que las personas pueden gestionar los cambios impulsados por nuevas tecnologías.
La naturaleza de la IA y sus implicaciones
A pesar de que la IA, especialmente los modelos de lenguaje generativos, ya está cambiando la comunicación y otros aspectos de la vida diaria, estos sistemas no representan un hito en inteligencia. En su mayoría, son reflejos de la cultura humana, entrenados con datos humanos y diseñados por ingenieros humanos. Esto plantea la pregunta de cómo gobernar efectivamente la IA.
Conclusión
La IA está causando cambios significativos, pero su regulación debe ser efectiva y bien informada. La tecnología no es una fuerza desenfrenada en manos de unos pocos, sino que su impacto será determinado por las decisiones de la sociedad. Es crucial demandar un gobierno de la IA que aborde los riesgos que presenta, como la creciente desigualdad y la desinformación.