El futuro de la IA en Canadá en un torbellino de cambios
En la Cámara del Consejo de Fiduciarios de las Naciones Unidas, un espacio originalmente diseñado para supervisar la transición de colonias hacia la independencia, el mundo se reunió el pasado septiembre para discutir un nuevo tipo de soberanía.
La ocasión fue el lanzamiento del Diálogo Global sobre la Gobernanza de la IA, una iniciativa destacada de la 80ª Asamblea General. El Secretario General, quien ha adoptado recientemente un tono cansado, proclamó el momento como un triunfo del multilateralismo ágil e inclusivo. Sin embargo, si uno se adentra en las salas de prensa en otros lugares, como Washington o Beijing, el optimismo diplomático parece de otra era.
La paradoja de la gobernanza
Estamos en el año de la paradoja de la gobernanza: justo cuando la ONU ha comenzado a establecer una arquitectura global para la IA, Estados Unidos, el centro de gravedad de la gran tecnología, se está retirando agresivamente detrás de las fronteras nacionales. Este desajuste se siente con mayor intensidad en Canadá, donde la política exterior ha dependido de una lógica que ahora ha colapsado.
Bajo la administración anterior, Estados Unidos rechazó la autoridad internacional centralizada sobre la inteligencia artificial, prefiriendo una soberanía de IA que ve las reglas multilaterales como obstáculos para su dominio. Las órdenes ejecutivas recientes de la Casa Blanca buscan consolidar un mercado unificado de IA que contradice la colaboración promovida en la cumbre del G7.
Desafíos internos y externos
Desafortunadamente, Canadá está atada políticamente a la visión inclusiva de la ONU, mientras negocia una integración económica con un vecino que está desfinanciando la institución encargada de albergar esta visión. La ONU enfrenta una crisis de liquidez severa, forzando a hacer menos con menos en un momento en que los desafíos de gobernanza son más expansivos.
Mientras tanto, naciones de todo el mundo están adoptando rápidamente modelos de IA de alto rendimiento, ofreciendo herramientas sin los elevados costos de licencias de Silicon Valley, lo que ha creado un ecosistema tecnológico paralelo que opera fuera de la supervisión de las instituciones de seguridad occidentales.
Incoherencias en la política canadiense
En el ámbito doméstico, la política de IA se enfrenta a realidades físicas. La narrativa de que la IA es un activo etéreo ha desaparecido; los centros de datos tienen un alto consumo de electricidad y agua. En algunas provincias, la demanda de energía de estas instalaciones está creando tensiones municipales.
El empuje del gobierno federal por un cálculo soberano arriesga socavar los compromisos climáticos del país. La presión para alimentar estas instalaciones está llevando a un aumento en la generación de gas natural, lo que podría duplicar las emisiones en algunas regiones.
La emergencia de la autonomía en IA
Tecnológicamente, el enfoque ha pasado de los chatbots a los agentes de IA capaces de ejecutar flujos de trabajo complejos sin intervención humana. Esta nueva autonomía ha hecho obsoleto el marco de cumplimiento retrospectivo. Se están abogando por regulaciones que requieran que los agentes de alta capacidad sean registrados y sujetos a un mecanismo de apagado.
Consentimiento público y futuro de la gobernanza
En medio de esta fractura técnica y geopolítica, hay una crisis de consentimiento público. Una gran mayoría de la población cree que la IA amenaza sus medios de vida, lo que ha creado una brecha entre el enfoque del gobierno y la ansiedad de los ciudadanos.
A medida que avanzamos en 2026, el sueño de un régimen global armonizado de gobernanza de IA parece desvanecerse, reemplazado por un régimen complejo de marcos superpuestos y a menudo contradictorios. El camino a seguir para Canadá no puede ser simplemente una imitación de la normativa rígida de la UE o de la desregulación estadounidense. Requiere una gobernanza ágil que se mueva de la legislación estática a la garantía continua y en tiempo real.
Será necesario exigir transparencia sobre el uso de energía y agua de los sistemas que se introducen en el territorio, y reconocer que en la carrera por construir el modelo más rápido, el activo más valioso puede ser la capacidad institucional para gobernarlo.