La orden de Trump y la visión del Papa León sobre la regulación de la IA: ¿Pueden converger?
Desde la explosión de la inteligencia artificial generativa en la década de 2020, que permite generar textos similares a los humanos, imágenes realistas y películas convincentes, usuarios y desarrolladores de IA han advertido sobre la necesidad de establecer guardrails regulatorios consistentes para proteger contra daños documentados, un tema de particular preocupación para el Papa León XIV.
El 11 de diciembre de 2025, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva titulada “Asegurando un Marco de Política Nacional para la Inteligencia Artificial”. Sin embargo, esta orden declara que “las empresas de IA deben ser libres para innovar sin regulaciones engorrosas” y llama a la regulación federal para superar la regulación estatal.
Implicaciones de la orden ejecutiva
Esta orden plantea la pregunta de cuál es la autoridad reguladora adecuada sobre tecnologías que, por su naturaleza, son transfronterizas. Hay argumentos válidos en ambos lados. Un marco nacional unificado podría proporcionar la claridad y consistencia que los desarrolladores responsables, especialmente las empresas más pequeñas y las startups, realmente necesitan. La actual amalgama de leyes estatales crea desafíos de cumplimiento y existe un riesgo real de que regulaciones bien intencionadas, pero técnicamente desinformadas, puedan obstaculizar la innovación beneficiosa.
No obstante, es importante reconocer lo que se está sacrificando. Históricamente, los estados han servido como laboratorios de la democracia, y en el ámbito de la IA, algunos de los esfuerzos regulatorios más reflexivos han surgido a nivel estatal, precisamente porque los legisladores estatales están más cerca de las comunidades que experimentan los efectos reales de la IA.
La tensión entre innovación y supervisión responsable
La orden posiciona “innovación” y “supervisión responsable” como conceptos fundamentalmente en tensión. Sin embargo, este es precisamente el falso dilema que el Papa León XIV abordó en su mensaje al Foro de Constructores de IA. La cuestión no es solo qué puede hacer la IA, sino quiénes nos estamos convirtiendo a través de las tecnologías que construimos.
La enseñanza social católica no nos pide elegir entre el florecimiento humano y el dinamismo económico; insiste en que el desarrollo auténtico debe incluir ambos. La innovación tecnológica puede ser una forma de participación en el acto divino de la creación, pero precisamente debido a esa participación creativa, lleva un peso ético y espiritual.
Consideraciones sobre la protección infantil
Un tema ético importante es la protección de los niños. La administración ha declarado que el marco considerará esto. Sin embargo, la capacidad de aplicación de la ley es una preocupación. Los fiscales generales estatales han estado a la vanguardia de los esfuerzos de protección infantil en el espacio digital. Un marco nacional, por muy bien intencionado que sea, no puede replicar esta capacidad granular y relacional.
El equilibrio en la regulación de la IA
La industria a menudo argumenta que la regulación sofoca la innovación. Sin embargo, hay una versión de este argumento que es simplemente una solicitud de impunidad. Las explotaciones documentadas, como la extorsión sexual y la discriminación algorítmica, no son hipotéticas; son daños reales que afectan a personas reales.
Un marco nacional equilibrado debe incluir requisitos de transparencia, mecanismos de responsabilidad significativos, inversión en formación ética y un compromiso continuo con las comunidades más afectadas.
Conclusiones
No se trata solo de cómo ganar la carrera de la IA, sino de qué tipo de sociedad estamos construyendo y quiénes quedan atrás. La visión debe ser la de una IA como un signo de esperanza para toda la familia humana, y este debe ser el estándar contra el cual medimos cualquier marco nacional.