Pronósticos sobre las amenazas de IA y la fricción regulatoria para 2026
Un informe sobre la perspectiva cibernética prevé que las amenazas relacionadas con la inteligencia artificial, como el envenenamiento de modelos, se volverán «más prevalentes y pronunciadas» a medida que más empresas adopten la tecnología sin las salvaguardias adecuadas.
Riesgos emergentes en ciberseguridad
La inteligencia artificial ya ha facilitado a los atacantes personalizar sus ataques a través de phishing y medios deepfake. Sin embargo, se espera que 2026 traiga malware adaptativo que será difícil de detectar para los defensores, así como agentes de IA que ayudarán a los hackers a lanzar ataques más rápidamente. Se predice que el próximo año también traerá «primeras indicaciones de ataques autónomos», algo que ha generado creciente preocupación entre expertos.
Desafíos en la defensa cibernética
Desde el punto de vista de la defensa, se señala que las empresas que no inviertan en defensas impulsadas por IA serán «cada vez más vulnerables». No obstante, también se advierte que las capacidades autónomas de la IA pueden crear «potencial para comportamientos impredecibles y acumulación de errores», complicando las actividades de respuesta ante incidentes cibernéticos. Las soluciones de defensa impulsadas por IA no son una solución mágica; introducen nuevos riesgos y requieren una gobernanza sólida.
En un contexto de cibercriminalidad habilitada por IA, las empresas que dependan únicamente de procesos manuales se quedarán atrás, aumentando su exposición a violaciones costosas. Se espera que el malware completamente autónomo, que pueda adaptarse en tiempo real a las tácticas de los defensores, no aparezca durante otros tres a cinco años.
Fricción regulatoria y armonización
En cuanto a la armonización regulatoria, se destaca la divergencia de caminos entre diferentes regiones. La Unión Europea continúa persiguiendo marcos regulatorios altamente coordinados, mientras que en otros lugares, algunas administraciones están abandonando o retrasando esfuerzos regulatorios anteriores. La armonización regional podría ganar tracción en 2026, aunque lograr una verdadera alineación global será difícil debido a prioridades y agendas legislativas conflictivas.
Con atacantes explotando brechas más rápido de lo que los reguladores pueden cerrarlas, el desafío será introducir una armonización que fortalezca la resiliencia en lugar de diluirla.